CASA DEL MANIFIESTO

La Casa del Manifiesto, actualmente sede nominal del Centro de Estudios Manzanareños (CEM) y del Archivo Histórico Digital de Manzanares (AAHDM), forma parte del Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha, del Catálogo de Bienes y Espacios Protegidos de Manzanares y de la Carta Arqueológica Municipal. El inmueble es la muestra de arquitectura civil de mayor significación y proyección histórica de la provincia de Ciudad Real, debido a los hechos que allí tuvieron lugar a mediados del siglo XIX. 

Concretamente, en una de sus dependencias, en la tarde del viernes día 7 de julio de 1854, Antonio Cánovas del Castillo redactó el llamado programa de Manzanares que, una vez firmado por el general Leopoldo O’Donnell, líder del pronunciamiento iniciado el 28 de junio en los campos de Vicálvaro, constituyó el germen de la Revolución de 1854 que se extendió triunfante por toda España, con Madrid convertida en el epicentro de la revuelta popular.

La proclama consiguió su objetivo de conciliar los intereses de las fuerzas moderadas y progresistas para aumentar su respaldo y legitimidad y, consecuentemente, logró avivar, de ese modo, la llama de la insurrección.

La difusión del manifiesto en Madrid y en otros puntos del país aceleró, tan solo unos días después, la caída del Gobierno del conde de San Luis, forzó el posterior exilio de la Reina Madre, María Cristina de Borbón, y facilitó el advenimiento del llamado bienio progresista, en realidad, el primer gobierno de concentración de la Historia de España, que desembocaría, finalmente, en la Constitución non nata de 1856.

La Casa del Manifiesto, a la izquierda del la imagen. Fotografía: Pablo Díaz-Pintado Fernández-Pacheco.

Del Manifiesto de Manzanares al Manifiesto de Sandhurst

El Manifiesto de Manzanares fue la ópera prima de un joven Cánovas del Castillo, secretario personal de O’Donnell, que culminaría 20 años después, en 1874, con el Manifiesto de Sandhurst, la obra cumbre del político malagueño, que permitió sentar las bases para la Restauración borbónica y dio lugar a la Constitución de 1876, la herramienta que condujo al período más prolongado de estabilidad, progreso y paz de la España de la época.

El abogado y político Cristino Martos y Balbí (1830-1893), amigo de Cánovas del Castillo y participante directo en la conjura, dejó escrita en su libro “La Revolución de julio en 1854”, editado ese mismo año, una frase para la Historia: “La columna”, se puede leer en sus páginas, “salió de Tembleque en dirección al pueblo de Manzanares, donde en una hoja de papel iba a ser escrita la frase de fuego, sencilla y poderosa, que había de servir de base a una revolución, en su nacimiento la más grande y fecunda de nuestra Historia moderna”.

Academia Militar de Sandhurst, donde estudió el joven Alfonso XII. Fotografía: Antony McCallum (https://commons.wikimedia.org).

Un ‘road movie’ decimonónico

Entre la tarde del viernes 7 de julio y la mañana del domingo 9 de julio de 1854, la localidad manchega se convirtió en el cuartel general de los insurgentes y albergó, en el entorno de la calle Empedrada y otras calles de la población, a cientos de militares de infantería y caballería, entre los destacaban los ya citados O’Donnell y Cánovas, así como los generales Messina, Ros de Olano, Dulce y Serrano. Se trata, sin duda, de algunas de las figuras políticas más relevantes del siglo XIX español que, en ciertos casos, alcanzarían, en su segunda mitad de la centuria, las más altas magistraturas del Estado.

La sublevación militar liderada por los generales Leopoldo O’Donnell y Domingo Dulce tuvo todas las características de un road movie decimonónico, con un contingente de tropas rebeldes replegándose a lo largo de cientos de kilómetros por los pueblos de La Mancha, tras la batalla inicial de Vicálvaro, y el ejército isabelino, al mando del general Anselmo Blaser, dirigiendo la persecución a prudente distancia. El itinerario de esa ‘película de acción y carretera’ (que, por primer vez en España, incorporó también el aprovechamiento del ferrocarril dentro de su estrategia militar) arrancó en Madrid a finales de junio de 1854, discurrió por gran parte de la geografía manchega, vivió su capítulo más decisivo en Manzanares, para continuar por Andalucía y concluir, definitivamente, un mes después, de nuevo en la capital del Reino, cuando el 29 de julio, los generales Leopoldo O’Donnell y Baldomero Espartero, tras reunirse en audiencia con la Reina Isabel II, se abrazaron en el balcón de Palacio, sellando ante la multitud congregada el triunfo de la Revolución y abriendo una nueva página del libro de la Historia de España.

 

Acción de Vicálvaro o Vicalvarada (30 de junio de 1854). Carga de la caballería contra la artillería. Autor: Augusto Ferrer Dalmau.
Detalle del despacho de la Casa del Manifiesto. Fotografía: Pablo Díaz-Pintado Fernández-Pacheco.

La Casa del Manifiesto, el ambiente histórico de una época

La Casa del Manifiesto mantiene vivo, en gran medida, el ambiente histórico de su época, y ha preservado su configuración, distribución y materiales originales. Entre finales de 2021 y principios de 2022, se acometieron unas obras de rehabilitación en el inmueble de acuerdo al proyecto, aprobado por la Sección de Patrimonio Cultural de Castilla-La Mancha de la Delegación de Ciudad Real, que redactó el arquitecto José Antonio Rincón Quesada, con la participación del arquitecto técnico Francisco Lozano Muñoz, y la ejecución de la empresa Camarvi Construye SL, dirigidas a su saneamiento y consolidación.
Entre otras áreas y dependencias (patio, corral, cueva, escaleras noble y de servicio, galería, comedor, salón, alcobas, lavadero, despensa, cámaras…), el edificio aún conserva el despacho presidido por una reproducción del retrato de Cánovas del Castillo, obra de Ferdinand Debas y Dujant, el gran fotógrafo francés del período de la Restauración, además de una litografía de Leopoldo O’Donnell y una escultura, realizada en piedra, réplica de la Venus itálica, de Antonio Canova, máximo representante de la escultura italiana neoclásica del siglo XIX.

Actividad cultural

Actualmente, la Casa del Manifiesto mantiene una discreta pero estimulante actividad cultural, de carácter privado, desde el mes de abril de 2024, cuando, por primera vez, abrió sus puertas a profesores y estudiantes de bachillerato del IES Sotomayor como una manera estimulante y complementaria de descubrir y vivir la Historia, más allá de su necesario estudio en los libros de texto. En este sentido, la empresa editorial Periodistas Asociados SL ha editado, un díptico divulgativo, inspirado en el diseño de la Gaceta de Madrid de 1854, con el fin de contribuir a divulgar la significación del inmueble y ofrecer la crónica del hecho histórico, así como una reproducción de la proclama y la muy desconocida, pero estrecha relación, que el Manifiesto de Manzanares mantiene con el Manifiesto de Sandhurst, que toma su nombre de la academia militar próxima a Londres, en la que estudiaba el futuro Rey Alfonso XII en 1874.

Con posterioridad, en mayo de 2025, albergó la reunión fundacional de la asociación PATRIMONIO MANZANARES. Y, en el mes de septiembre, la del Centro de Estudios Manzanareños y el Archivo Histórico Digital de Manzanares. Ya en noviembre, acogió la exposición de pintura “Luces del pasado” de María Ángeles Puche, que bajó el telón después de registrar un gran éxito de convocatoria y conseguir cautivar a más de 400 visitantes durante las nueve semanas que ha permanecido en cartel.

La iniciativa cultural, surgida en el ámbito estrictamente familiar, decidió ampliar su alcance inicial, despertando así el interés de cientos de personas que, de este modo, pudieron disfrutar de una completa retrospectiva de la obra de la autora y conocer, al mismo tiempo, una casa de especial significación histórica.

Organizada con el título “Arte Manifiesto” y apadrinada por PATRIMONIO MANZANARES, la exposición recibió a familiares, amigos, artistas, miembros de la asociación y público en general, manteniendo siempre su carácter privado, con aforo limitado y un enfoque cercano y personalizado. A través de «Luces del pasado», la asociación patrimonial desarrolló, por primera vez, un innovador concepto de “arte efímero” que reivindica la posibilidad de alumbrar “sales fugaces en casas manchegas” para favorecer la promoción y acceso a la cultura.